jueves, 13 de octubre de 2011

Más anécdotas...


“Pool de frutas”.- prof. Lucia Botta

La humildad de los alumnos y de sus familias es maravillosa, nunca te retiras del domicilio con las manos vacías, pomelos, flores, hierbas, pan casero, etc.
En una oportunidad, al terminar la clase, regrese muy cansada y me dormí en el transporte, con un sobresalto me desperté y observé que los pasajeros bajaban del micro con un pomelo cada uno, al mirar mi bolsa abierta y  el piso del colectivo era como una gran mesa de pool! Por lo cual todos se había proveído de pomelo aprovechando el memento de descanso de la seño…

“Bolicheando y Multiplicando”.- Prof. Lucia Botta

Mi primera experiencia domiciliaria fue con mellizos pre-adolescentes con distrofia muscular  avanzada.
Los contenidos a desarrollar  eran Tablas de multiplicar.
Qué aburrido y tedioso!, conseguí un CD con las tablas de multiplicar con música tropical “Cumbias”, ambientamos el lugar como si fuera un boliche, encendía y apagaba las luces y a todo volumen cantábamos y bailábamos con las sillas. Fue altamente gratificante. Disfrutamos y aprendimos con alegría, agradecía a Dios por darme la oportunidad de brindar  este momento.

“Un fantasma por los pasillos”.- Prof. Silvia Vallejos

Cuando comencé a trabajar en escuela Hospitalaria empecé por las salas de internación de quemados.
Para ingresar allí debía respetar sus normas, colocándome un camisolín mangas largas blanco y botas de una tela especial. Al terminar de atender a los alumnos allí internados salí de allí caminando por los pasillos regresando a la escuela hasta que una enfermera me llamó la atención: “- el camisolín y las botas déjalas en la sala, no te las podes llevar hasta tu casa”…

“El gendarme”.- Prof. Silvia Vallejos

Trabajando con un niño incentivando su creatividad en el dibujo que estaba haciendo, le sugiero: “-por qué no le dibujas un gendarme ahí?”- a lo cual él y su madre se ríen,
-¿qué pasa? Le pregunté, y ella me respondió: -“es que él le llama “gendarme” a sus “partes íntimas”-.

“Barrio peligroso”.- Lic. Psicopedagoga Lilia Guarnieri

Un día a la siesta acompañé a la maestra domiciliaria a un domicilio muy distante, donde los colectivos llegan con una frecuencia muy espaciada de más de 30 minutos.
 Cuando salimos del domicilio, luego de caminar varias cuadras -bajo el sol del Chaco a 45º grados a la sombra- hasta la parada, mientras mi compañera se distraía mirando el nombre de la calle y la referencia para saber donde bajar la próxima vez que iba al domicilio, vi al colectivo , entonces grité.- “¡El colectivo!”, el colectivero ya había arrancado y al escucharme se asustó, al parecer pusimos tal cara de desesperación que el colectivero se apiadó y frenó para esperarnos. Cruzamos la calle desesperadas, muertas de risa y de vergüenza, agradecimos al chofer por su amabilidad.


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